• Inicio
  • Blog
  • Dibujar lo que ves, no lo que sabes: la lección de Durero

Dibujar lo que ves, no lo que sabes: la lección de Durero

Un grabado de 1525 sigue enseñando algo clave: la tensión entre lo que sabemos y lo que vemos, y cómo eso se aplica a la perspectiva en mosaico.

Dibujar lo que ves, no lo que sabes: la lección de Durero

Hay un grabado del año 1525 que no se me va de la cabeza.

Lo hizo Alberto Durero, y muestra algo simple: un dibujante, sentado, mira a una modelo a través de una red de hilos tensados —como una ventana cuadriculada— y traslada, cuadro por cuadro, lo que ve hacia un papel con la misma grilla dibujada.

La tensión entre lo que sabemos y lo que vemos

No parece gran cosa. Pero ese dispositivo resuelve un problema que cualquiera que haya dibujado, pintado o armado un mosaico conoce de memoria: la tensión entre lo que sabemos y lo que vemos.

Tú sabes que una mesa tiene cuatro patas del mismo tamaño. Sabes que un techo es plano. Sabes que la esquina de una habitación forma un ángulo recto. Ese conocimiento está tan instalado que, cuando te sientas a dibujar, tu mano dibuja lo que la cabeza sabe que es verdad —y no lo que el ojo realmente tiene enfrente.

El problema es que el ojo ve otra cosa. Ve esas cuatro patas de tamaños distintos, según la distancia. Ve el techo inclinado. Ve la esquina en un ángulo que no es de noventa grados, sino oblicuo. Y ahí es donde el dibujo "sale mal", aunque técnicamente sepamos perfecto cómo es el objeto que estamos representando.

El truco de Durero

La red de hilos de Durero no es magia ni talento: es una forma de obligar al ojo a ganarle a la cabeza. De fijar un punto de vista, no moverse, y copiar exactamente lo que hay en cada cuadradito —sin dejar que el conocimiento previo se meta a "corregir" lo que se está viendo.

Qué tiene que ver esto con el andamento

Pienso en esto cada vez que algún alumno me manda una foto de su mosaico con perspectiva. Así como hay perspectiva en el dibujo o en la fotografía, hay que acompañarla con la dirección de las teselas. Y ojo, acá no hablo solo de definir un andamento —bueno, en realidad sí, pero va más allá—: es acompañar las líneas que van hacia el punto de fuga con la línea de la tesela. No es rellenar por rellenar. De esta forma se observa mejor la perspectiva, y eso va más allá del dibujo, porque muchas veces mosaiqueamos directamente sobre una imagen o una fotografía.

Confiar en lo que hay adelante

Pienso en esto también cada vez que empiezo un mosaico nuevo. Cuando planto la primera tesela sabiendo exactamente cómo "debería" verse el resultado final, esa idea previa termina compitiendo con lo que el material, la luz y el espacio real me están mostrando en el momento. La técnica más antigua para resolver esto sigue siendo la misma: parar, mirar de verdad, y confiar en lo que hay adelante más que en lo que ya creemos saber.

Un ejercicio simple para practicarlo

No hace falta una red de hilos del siglo XVI para practicarlo. Alcanza con elegir un rincón de tu casa —una esquina, un pasillo, una puerta entreabierta— y mirarlo con la intención de dibujar exactamente lo que ves, no lo que sabes que es. Vas a notar ángulos que tu cabeza va a querer "arreglar". Esta vez, no los arregles.

Durero, 1525. Casi 500 años después, seguimos necesitando la misma disciplina: mirar antes de saber.


¿Alguna vez te pasó que tu mano dibujó "lo que sabías" en vez de lo que realmente veías? Contámelo en los comentarios.

Un abrazo mosaiquero,
María Angélica Aya
LasAya Casa Musivo / Academia Comunidad Mosaiquera



Comentarios
Unirse a la conversación
Escribe tu comentario…
Aún no hay comentarios en este artículo
Te puede interesar
Accede con tu cuenta de Cursos LasAya Musivo
¿Ya tenes cuenta?
Iniciar sesión
Cerrar X