La perspectiva es algo que amo desde que era chiquita. Mi papá era arquitecto, y me fue enseñando estos conceptos. Crecí sabiendo qué era una línea de horizonte, un punto de fuga, y sabiendo dibujarlos para generar tridimensionalidad en mis dibujos, o por lo menos identificarlos en un dibujo o una fotografía.
Mi primera obra vendida
Me acuerdo que a los 15 años mis tíos me regalaron mi primer atril. En esa época pintaba al óleo, y empecé a pintar un lienzo en 3D: un piso tipo damero, blanco y negro, con unos cubos flotando en el aire, todo en tres dimensiones. Un día vino de visita un amigo de mi tío, vio el cuadro que estaba pintando, y me dijo que cuando lo terminara, él me lo compraba. Fue la primera obra que vendí en mi vida. Fue demasiado emocionante para mí, nunca me imaginé vender lo que hacía. Todavía me acuerdo el precio: 40 dólares.
Preparando una clase de perspectiva lineal
Te cuento todo esto porque, dando una clase teórica de perspectiva lineal en la Academia, me encontré con algo que me voló la cabeza. La idea de esta primera clase es ver toda la teoría, para entender los conceptos, y recién después llevarlo a la práctica, ya enfocado en mosaico.
Mientras preparaba todo, apareció una diapositiva con una foto del Partenón de Atenas. Y cuando me puse a estudiarlo para hablar de él, encontré algo fascinante: en esa época ya usaban trucos visuales en arquitectura, para que el ojo no percibiera el edificio deformado. Es decir, los griegos ya sabían que nuestros ojos tienden a deformar lo que ven, justamente por la perspectiva.
El truco óptico del Partenón
¿Y qué hicieron con esa información? Deformaron el Partenón a propósito, para que cuando la gente lo mirara, lo viera recto. Las columnas no son rectas: son curvas, están inclinadas. No hay una sola línea recta en todo el edificio. Pero el ojo no lo ve así. Todo lo contrario: el ojo percibe esa corrección como si fuera todo perfectamente recto.
Tres formas de ver el mismo edificio
Les dejamos una foto del Partenón, y tres imágenes más: la número 1 muestra cómo se percibe a simple vista, la 2 muestra cómo fue construido en la realidad, con las correcciones ópticas ya aplicadas, y la 3 muestra cómo se vería si de verdad se hubiera construido todo recto.
Para cerrar
Este artículo no tiene que ver con técnica de mosaico en sí, pero nos pareció tan interesante que teníamos que compartirlo. Entender cómo la perspectiva puede engañar —o corregir— lo que vemos es una herramienta valiosa para cualquiera que trabaje con diseño, color y forma, sea en arquitectura, en pintura, o en mosaico.
¿Conocías este dato sobre el Partenón? Contanos en los comentarios.
Un abrazo mosaiquero,
María Angélica Aya
LasAya Casa Musivo / Academia Comunidad Mosaiquera